domingo, 4 de septiembre de 2011

MURIÓ JOSE MARÍA SAEZ, DIRECTOR FUNDADOR DEL DIARIO “EL CHUBUT”, DE TRELEW



































El fundador del diario «El Chubut» y ex senador nacional tenía 85 años: Ayer (por el sábado 3), al mediodía, dejó de existir en Trelew don José María Sáez. Su fecunda vida, pródiga en realizaciones que siempre tuvieron como alto objetivo el bienestar de la comunidad, se apagó con el resignado pero conmovido acompañamiento de sus hijos, nietos y amigos dilectos. Desde todo el espectro político y social se valoró su figura y se rindió homenaje a su trayectoria como político, dirigente deportivo y empresario. Sus restos serán inhumados hoy (por este domingo 4), a las 11.30, en el panteón familiar del Cementerio Municipal.

Político intenso, empresario, dirigente social y deportivo, su vida estuvo signada por el “hacer” para Trelew y para la provincia. La comunidad pierde a uno de sus auténticos hacedores.
Falleció a los 85 años en Trelew, “su” ciudad. Murió José María Sáez. Se murió “Josecito”, o José, a secas, como le decían. A los 85 años dijo basta. Se murió un hacedor pleno, un defensor de los intereses y las luchas de su pueblo. Se murió un hombre de carácter duro pero sensible, cuya pelea fue el trabajo en cada ámbito que acometió: desde vender diarios como canillita o lustrar botas en Comodoro Rivadavia, a pasar películas primero, y gerenciar cines después. Desde una sencilla concejalía de Trelew, en los años sesenta, a senador nacional en la época más convulsionada de la Argentina de los últimos tiempos. Desde sus primeros pasos de comunicador, hasta dirigir el diario EL CHUBUT, del que era propietario junto a su familia, por muchos años.

Se murió José, y con él se van recuerdos, historias, secretos y anécdotas de la política chubutense y de la historia contemporánea argentina, que podrían dar pie a la confección de un libro, seguramente, muy jugoso.

El trabajo fue su lucha, dijo alguien que le conoció muy bien. Cada vez que su pueblo, su gente, su barrio, su provincia, lo necesitaron, allí estuvo José María Sáez gestionando, trabajando, pidiendo, exigiendo, sin importar su origen, pertenencia y ADN radical. No hacía diferencias políticas a la hora de poner las manos en la pala por algo que valiese la pena, o por alguien que lo necesitase.

José fue una de esas personas muy difíciles de clasificar. Atravesó la vida empresaria, social e institucional de Trelew, del Valle, de la provincia, como un torbellino incontenible. Buscó mejorar, profesionalizar, hacer más eficiente y de más servicio todo aquello que tocó, desde el cine a la política, pasando por el fútbol, la televisión por cable, y -claro- el diario, su última casa, la que más amó.

Desde el diario supo integrar a la comunidad del Valle, expresar las preocupaciones de la gente, y convivir con todos, aun en las épocas más difíciles. Como nadie, supo ver la comunicación como un puente de solidaridad, de coincidencias, de convivencia, y de desarrollo local y provincial. EL CHUBUT fue, es y será justamente ese puente entre los pueblos, por la impronta que le impuso José y que supo trasladar a sus hijos.

José fue un hombre de relaciones permanentes. Amigos de toda la vida, adversarios eternos que lo han respetado siempre; enemigos, como todo hombre público, y muchos amigos que lo van a recordar con afecto, y a extrañar también. Aunque estaba retirado de la política activa, sus últimas charlas con allegados antes de ingresar al hospital de Trelew -donde peleó por la vida hasta las últimas horas- fueron precisamente sobre la política y sobre la provincia, temas que le daban tantas alegrías como amarguras. José vivió ocupado y preocupado por su Chubut natal, y por la política como herramienta de gestión.
A su modo, fue un adelantado en todo lo que emprendió. Se ocupó de aprender y transmitir esos conocimientos en cada empresa que empezó. Desde el sentido común, a las tecnologías más complejas. Así era José con todo.

De carácter confrontativo y muy enemigo de las excusas, José era un hombre difícil de enfrentar en cualquier tipo de discusión pública o privada, por la fuerza de sus convicciones y por la intensidad de sus ideas. Había que estar dispuesto a perder con él cualquier debate. No era, sin embargo, un hombre necio. Reconocía sus errores, aprendía de ellos, y se lamentaba amargamente por cometerlos.

La vida pública de José estuvo muy signada por la actividad empresaria, y por la política. Llegó al Valle muy chico, casi adolescente, luego del fallecimiento de su padre. Trabajó muchos años con su tío Calixto González que lo crió en Trelew, pasando películas primero y gerenciando cines de la cadena Coliseo después, hasta que consiguió algo impensable para aquellos años, como la distribución simultánea de películas en la provincia, que en aquella época resultaba enorme.

Más de una vez salió en su auto, un viejo Fiat, para «alcanzar» en la ruta a los transportes de la compañía Guerrero, y llegar a tiempo con algún estreno a Esquel.

Revolucionaba cada lugar por donde pasaba. Así lo hizo también en el fútbol regional. Presidió la Liga de Fútbol del Valle del Chubut más de diez años, y transformó la manera de concebir la competencia deportiva. Desde ese lugar social importante fue uno de los grandes impulsores para que aquel Independiente de 1972 llegase al Campeonato Nacional, algo casi imposible para un club de Trelew en esa década.

Por la política, dio todo. Aun relaciones y tiempo familiar. Convencido como nadie en aquellos tiempos de que la política transformaba, hizo mucho por el crecimiento democrático de la provincia, siempre desde la primera línea, pero en el segundo plano. No le gustaban mucho los discursos ni los atriles demasiado altos.

Siempre prefería que fuese su gran amigo Atilio Viglione quien tomase los micrófonos. Así, desde atrás, funcionaba como un armador. Lo hizo en el Concejo Deliberante de Trelew en los sesenta, como secretario legislativo, como presidente de la UCR -cuando le tocó ejercer ese cargo-, como ministro de la democracia recuperada, y más tarde como Senador Nacional. Nunca se separó de la política.

Mientras la vida le dio energías, estuvo hasta último momento haciendo de “hombre de consulta”. Por sus oficinas del diario, la política viva de Chubut -generación tras generación- concurrió a buscar consejo a la «pecera», como en la jerga política se conoce a la oficina vidriada de José en el diario EL CHUBUT.

Allí pasaron todos y cada uno de los gobernadores, ministros, legisladores nacionales y provinciales, y casi todos los presidentes de la República y ex presidentes de la democracia, para conseguir una palabra válida, para orientarse, para confrontar, para debatir, para seguir adelante, o simplemente para saludar al hombre público.

Sostuvo, desde los lugares que la política le asignó, y desde los medios que le tocó dirigir, polémicas memorables. Pero todos lo recuerdan como un hacedor regional, como el hombre que podía componer enfrentamientos y cruzar puentes si eso era útil para la gente de Chubut. Así lo rememoran los que con él recorrían el interior provincial a mediados de los ’80. A pesar de su cuna radical, no había intendente peronista que no tuviese palabras de agradecimiento y elogio a “José”, como le mencionaban con simpleza en cada rincón de la política chubutense.
Desde la política y desde su diario peleó por el equilibrio regional, por el desarrollo, por la educación, por hacer mejores personas a los chubutenses a través de la palabra y de la acción. José no era parco, pero no decía palabras de más. Las transformaba en hechos con una fuerza abrumadora. Lo saben bien cada uno de los miembros de su familia, y los colaboradores que ha tenido en los últimos cincuenta años.

José fue el reconstructor de la UCR del ’83, con el enorme mérito de haber vencido a un peronismo muy duro en aquella época, por un puñado de votos, y luego de haber tejido relaciones con Raúl Alfonsín y Renovación y Cambio desde antes del golpe militar. Avizoró antes que muchos los vientos de cambio que necesitaba el partido, y fue un hombre de confianza, amigo y compañero de ruta de Alfonsín. También se ganó el respeto de aquel presidente -estadista con la perspectiva de la historia- cuando supo decirle «No, Raúl». Y no fueron negativas de sólo una vez. Aquella campaña, de la recuperación de la democracia, fue a pulmón. Los viejos dirigentes radicales recorrían el interior de Chubut en dos camionetas, una de Viglione y otra de José. De su mano, las generaciones jóvenes de entonces -Mario Cimadevilla, Carlos Maestro, José Luis Lizurume, Gustavo Di Benedetto, Luis García, Hernán Zabaley, y tantos otros- conocieron a los radicales chubutenses de los setenta y ochenta, en lugares casi olvidados. Fue él quien acuñó aquello de «no hay pueblo chico» que después ejercitó como ministro de Bienestar Social, y que gobernadores exitosos, más tarde, tomaron como modelo. Carlos Maestro y Mario Das Neves pueden dar fe de ello.

Generoso pero exigente, solidario y apasionado, de carácter duro pero transigente si era necesario, José construyó su mundo alrededor de los demás. Primero, volcando su vida y sus esfuerzos a la política que amó. Después, lo hizo a través del diario y de las relaciones que tejió, con los altibajos propios de las amistades forjadas -muchas veces- en la adversidad.

Sus referencias más importantes del radicalismo fueron Raúl Alfonsín y Atilio Viglione. Entre ellos navegó para construir el radicalismo que gobernó la provincia por 12 años en los ochenta y noventa, promoviendo y generando una importante camada de políticos exitosos de la provincia. Había empezado en los sesenta, pasando por episodios muy intensos. Como cuando promovió el “Trelewazo” en octubre de 1972, rebelando a la gente contra el encarcelamiento masivo de muchos vecinos. Desde el entrepiso del Sanatorio Trelew, junto a Atilio Viglione, impulsaron aquella revuelta que salvó a mucha gente de destinos seguramente tenebrosos.

Ya retirado de la política, acentuó su perfil de debate, de confrontación de ideas, totalmente «amortizado». Sus actitudes, muchas veces, provocaron revulsivos importantes en el radicalismo. Pero a él francamente le divertían, como asistir a actos presididos por Das Neves, o ir a la Casa Rosada de los Kirchner. Fue, en el sentido político, un provocador, un «despertador» de conciencias que no le resultó indiferente a nadie.

Su carácter rudo, a veces seco, no podía ocultar el aspecto más “familiero” y afectivo de su vida. Casado con Lidia Ostermann, que falleció en 1993, tuvo tres hijos: Lilí, Elsita y José María Sáez (h). A través de esa generación llegaron sus nietos Natalia y Sofía Villalón, Joaquín, Marcos y Florencia Segui, y María Victoria Sáez Keiran. Hijo de Don Juan Saéz y Angelita González, José tuvo tres hermanos: Raquel, Oscar y Juan Carlos, estos últimos ya fallecidos.

José dejó a sus amigos de la política una herencia importante en cuanto a conducta ética, valores democráticos, y de sacrificio personal en pos de un bien común. Tan así, que muchos lo vieron meter la mano en sus largos bolsillos de pantalones pinzados, para resolver algún problema partidario, financiar alguna actividad política, o socorrer a algún amigo en problemas. En sus últimos años, sus nietos fueron el gran amor de su vida, y donde proyectó sus aspiraciones para el futuro.
Fue uno de los pocos políticos del país que logró atravesar la vida y la turbulencia mediática y salir indemne. No hay muchos casos de editores que hayan sido exitosos en su vida empresaria periodística, como en la política. La única manera de hacer algo así es a través de la conducta firme que supo mantener, aun cayendo en errores que después compartía para corregir. Era frecuente escucharle decir «me equivoqué», y verle menear la cabeza.

El diario fue su pasión y su vida adulta. Camino al Touring Club a tomar café con sus amigos, se demoraba mirando las instalaciones de “El Heraldo”, y admirando la potencia de la palabra escrita, y de las máquinas de impresión.

Antes de convertirse en propietario de EL CHUBUT, llegó a adquirir un depósito en la calle Chile al 100, junto a Héctor “Pepe” Castro, Atilio Viglione, y gente de la LU20 de entonces, pero aquel proyecto no prosperó.

En 1975 se hizo propietario de EL CHUBUT, y desde allí logró cambiar la historia periodística de la provincia. Se rodeó en principio de profesionales fogueados en Buenos Aires, y más tarde fue formando periodistas de la casa. Algunos permanecen aun hoy y han participado de todas las épocas del diario. Otros han ido y venido con el tiempo, muchas veces, algo que José siempre toleraba aunque protestase un poco.

Desde EL CHUBUT, José dio rienda suelta a su espíritu de comunicación y colaboración. Hasta entonces, los diarios eran sólo tribunas de doctrina en un solo sentido: del periodista, al público. Pero él «metió» a la gente del Valle primero, y del Golfo y del resto de la provincia después, en su diario, que terminó siendo el medio de la comunidad. Todos los que tienen algo que decir lo hacen en estas páginas, porque esa fue la idea de José cuando quiso tener su diario. Por eso su obsesión por que todo tuviese lugar en EL CHUBUT, por atender a la gente que venía con una humilde gacetilla, aun personalmente. Transformó su diario en un faro político provincial, en tribuna de debate y en vehículo social para que todos, absolutamente, pudiesen publicitar y reflejar su vida social, cultural, deportiva, gremial, y política. Desde vecinos acongojados a deportistas multipremiados, pasando por políticos de toda medida y partido, saben que en EL CHUBUT tienen su sitio. Y esa es, posiblemente, la herencia periodística más importante de José: una empresa de comunicación al servicio de los habitantes de su provincia.

Generoso, irascible, intenso, perfeccionista, trabajador, buen amigo, consejero, obsesivo, exitoso, y muy político, la vida de José fue un verdadero terremoto de experiencias de las más variadas, signadas por la política, el amor a su provincia, a sus amigos, y a su familia. En los últimos tiempos, le dio por recorrer y viajar. Se dio incluso el gusto de pisar Malvinas cuando ya tenía más de 80 años, algo con lo que había soñado mucho tiempo.

No es poco para decir de un hombre básicamente bueno, que ha sacrificado mucho para ser, simplemente, un hacedor pleno en su comunidad. José se murió. Pero la memoria lo va a mantener vivo por muchas generaciones.

LOS NIETOS, LOS HIJOS
El amor que sentía José por sus seis nietos era inmenso. Natalia, Sofía, Joaquín, Marcos, Florencia y María Victoria fueron para él un bálsamo en el otoño de su existencia. Sus hijos Lilí, José María y Elsita compartieron con él, junto con su esposa Lidia, los esfuerzos para consolidar a EL CHUBUT como un gran diario.

EN EL SENADO
Culminando una extensa trayectoria pública en la que ocupó diversos cargos institucionales y partidarios, José llegó al Senado de la Nación. Ejerció el cargo entre 1995 y 2001, impulsando numerosas iniciativas en favor del desarrollo económico y la integración social de la Patagonia.

LA VISITA DE KIRCHNER
El entonces gobernador santacruceño estuvo en EL CHUBUT en la campaña electoral del 2003, que lo consagraría como presidente de los argentinos. También Alfonsín, Menem y De la Rúa visitaron el diario antes de ejercer la primera magistratura.

EN MALVINAS
Ya casi en el epílogo de su vida, a los 83 años, José Sáez quiso saldar una vieja deuda que tenía consigo mismo: visitar las Islas Malvinas. Lo hizo en un crucero por el mar austral que tocó el archipiélago usurpado. Se emocionó al recorrer las tumbas de soldados argentinos caídos en combate.

VIGLIONE, EL GRAN AMIGO
Compartieron éxitos en la política y también, durante un tiempo, los esfuerzos de poner en marcha un medio de comunicación. Enhebraron una amistad profunda y sincera que, por encima de circunstanciales discrepancias, se mantuvo inalterable durante décadas. La muerte del ex gobernador fue un golpe durísimo para José.

LA AMISTAD CON ALFONSIN
Los unió la política y, más concretamente, el radicalismo. Se conocieron cuando Raúl Alfonsín comenzó a tallar como un prestigioso dirigente nacional, para llegar después a la Presidencia de la Nación. José fue siempre uno de sus interlocutores predilectos y en varias oportunidades lo visitó en su casa de Trelew.

Nota del editor

En la mañana de este domingo (4) nos ha sorprendido la noticia de la muerte de José María Sáez. Lo conocimos, un 8 de diciembre (de 1975), en el transcurso de un viaje relámpago a Trelew, propiciado por Juan Carlos, su hermano, por entonces secretario de Gobierno de la Municipalidad de Bahía Blanca.

Al volver, ese mismo día, teníamos acordado ejercer la secretaría de redacción del diario EL CHUBUT. Hacia esa función fuimos, en pocos días más, promesa mediante de poder viajar para Navidad y fin de año, hacia nuestra ciudad.

Y ya a comienzos del ’76, el 9 de enero, fuimos para radicarnos en la Trelew de otros tiempos, que no eran los de hoy, sino muy distintos.

Acostumbrados como estábamos, a los desafíos, por dos años (hasta el 28 de febrero de 1978), compartimos los de José. Luchamos, ¡y vaya si lo hicimos!, en una tarea ímproba, nada fácil. Pero nos volvimos.

Andando el tiempo, y con la democracia plenamente vigente ya, José, junto al doctor Atilio, vino a buscarnos. Les ocupaba a ambos el ejercicio de la Gobernación (el doctor Viglione) y el Ministerio de Bienestar Social (Sáez), y buscaban un “hombre de confianza” para “manejar” el diario. Pero el “acuerdo” no se produjo, lamentablemente.

Aún así, en 1989, José –con quien habíamos discutido no pocas veces sobre temas afines a la conducción del diario- volvió a convocarnos, como en ocasiones anteriores, en una palpable demostración de confianza y respeto a la vez. Sólo esporádicamente, colaboramos, como en ese verano del ’89.

Hubo un episodio, fallido, a fines del ’96, que no prosperó, porque la meta de posicionar el diario en Comodoro Rivadavia no ofrecía mayores perspectivas.
Aún así, aquella estrecha relación con el diario, sirvió para que supiéramos, cíclicamente, de los avances progresivos de la empresa generada en el ’75. Y de su constante crecimiento.

Nos quedó, de José, la certeza de su constante lucha, esa misma que su diario ha reflejado con rasgos indelebles, en su edición de este domingo 4 de septiembre.

Se fue José. No tenemos duda alguna que el ejemplo de su tenacidad estará siempre vigente. Al publicar en este blog la “estampa” que editó EL CHUBUT, le rendimos homenaje a la distancia. Y acompañamos, desde aquí, a su familia.


FOTOS

José, con el el presidente Raúl Alfonsín, en EL CHUBUT.

Con sus hijos: Lili, José María (h) y Elsita.

"José", tal cual era.

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