viernes, 19 de febrero de 2010

CON CENSURA PREVIA

La nueva ley de medios que algunos consideran poco menos que confiscatoria por sus consecuencias, a corto o largo plazo, da por supuesta una obligación, para los medios que “bajan frecuencias” llegadas desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Se trataría, según los que conocen más pormenorizadamente la citada ley, de exigir “programación autóctona” en elevado porcentual y en “horarios centrales”.

En buen romance, se entiende que, en cierta medida, le pondría coto a la desmedida proliferación de las señales metropolitanas, que desde hace tiempo nos retrotrajo, en materia de radio, a la mitad del siglo que se fue, cuando todo venía desde Buenos Aires, por las emisiones en cadena, y con limitadas alternativas netamente lugareñas.

A ver: hoy en día, sin que tenga aplicación todavía la polémica ley, debería entenderse que los propietarios de radios (algunos de ellos también directores comerciales y o de programación) estarían inclinándose, por estas horas y desde un tiempo atrás, a adecuar sus grillas de programación incorporando producciones netamente locales. Estas podrían ser periodísticas (parece ser lo más usual) o bien artísticas, con tendencia a la música, que en el comienzo de las FM al menos, parecía ser lo más adecuado.

En función de la primera de esas alternativas, fuimos a la búsqueda de un “rincón” (puede estimarse que no es mucho más que eso) radial, en AM o preferentemente FM, para poner al aire un programa periodístico semanal. Dicho de otra manera: 3 horas (eventualmente 4, si razones de diagramación así lo exigieran), un solo día por semana, en “horario potable”.

Con tiempo, en algunos casos antes del final del año; en otros en pleno verano, pero lo suficientemente a tiempo para un “desembarco” en marzo, hicimos las consultas del caso. Incluso, en alguna comunicación por el medio más usual hoy en día (el correo electrónico, para dejar escrito el requerimiento) o en una charla a propósito con responsables de medios, planteamos la inquietud. Que por otra parte no era aislada: estaba unida (diríamos que “aprovechando la ocasión”) a nuestro deseo de comentar, a través del año, las novedades de las emisoras (sin excepción) en nuestro blog de “Zapping de los medios” y en la sección gráfica que, con el mismo título, forma parte de la ya clásica “revista de café” (LA TRASTIENDA DE BAHÍA).

Debemos puntualizar que incluso “fuimos” a radios sobre las cuales se nos comentó, desde distintas fuentes cercanas, la intención de conferirles, desde este 2010 en marcha, un “perfil periodístico”.

¡Oh, sorpresa!, o no tanto, para ser absolutamente sinceros: algunos ya en noviembre/diciembre, otros en plena época estival y en el incipiente nuevo año, nos dijeron que tenían su programación completa. Hubo quienes negaron la intención de modificar sus grillas; también quienes aludieron a mucha demanda (¡en buena hora!) frente a exigua oferta.

Nadie, eso sí, cortó por lo sano diciendo la verdad. Porque es absolutamente válido que en Bahía Blanca hay censura previa; y tan sólo por mención de nombre y apellido (¿o antecedentes quizás de una conducta irreductible a todo tipo de presiones de un sistema perverso por demás?), surge nítida la negativa a la posibilidad de contratar espacios para utilizarlos en una producción absolutamente independiente.
Sabemos, por lo demás, que hay medios que obturan posibilidades para algunos (nosotros como claro ejemplo), haciendo caso omiso a toda una trayectoria; de la misma manera que simultáneamente las conceden a quienes después, sin otra idea que una venta comercial, usufructúan espacios, sólo avalados por exhibir una pauta en la que pululan los mismos auspiciantes, con preferencia de orden público o de empresas o entes afines a los factores de poder de la ciudad.

¿Es un caso de discriminación, digno de ser llevado a las oficinas del INADI?. No lo sabemos, porque además somos escépticos (¿pesimistas a la luz de los hechos?), respecto de ese tipo de presentaciones y sus efectos.

Lo cierto es que, cuando se aproxima la “temporada alta”, volvemos a quedarnos con las “manos vacías”. Mientras, en las radios, la “verdulería”, con el invariable destrozo del idioma, siguen su camino deplorables “audiciones”. Nada que no tenga que ver con la “ciudad careta” que siempre elige mirar para otro lado.

2 comentarios:

Quique Iommi dijo...

Estimado Colega.
Es cierto que existe censura previa en muchos lugares.
Es cierto que cuando uno tiene un nombre más conocido más fácil se hace conseguir horarios, radios, etc.
Pero la discriminación tiene varios espectros. A enteder... Culturales, etarios, económicos.
Tengo que además ser Honesto y decirle que tanto en Radio Universal como en BVC no vi jamás algun tipo de discriminación
A su disposición
Quique Iommi

OrejaPerdida dijo...

LO que le ha ocurrrido al no econtrar aire para su propuesta, es otro ejemplo de cuando los criterios mediocres y mercantilista rigen la programación local. LOs oyentes somos lo primeros perjudicados al no contar con programación local de calidad.